Hay una fase en todo proceso de cambio que pocas veces se nombra, pero que todas, de un modo u otro, atravesamos. Esa fase en la que ya no te reconoces en la vida que tienes, pero todavía no sabes cómo construir otra. Ni siquiera sabes si podrás hacerlo porque tienes ese miedo a cambiar.
Es como estar en medio de un puente que no sabes si cruzar por miedo, o quedarte donde estás. Atrás queda lo conocido, lo que te dio estructura, lo que fue hogar alguna vez… Y delante hay niebla, incertidumbre, vacío.
El miedo a cambiar es real (y necesario)
Y bueno, en medio estás tú, preguntándote: ¿Y si me equivoco? ¿Y si después de dar el paso me arrepiento? ¿Y si no soy capaz?
Ese miedo es legítimo.
No estás loca. No eres débil. Estás viva.
Porque el miedo a cambiar es señal de que estás tocando una verdad muy tuya.
Yo también lo sentí. Muchas más veces de las que imaginas. Es más, lo sigo sintiendo infinidad de veces, sobre todo cuando me acerco a una versión más auténtica de mí.
Cuándo sabes que necesitas un cambio en tu matrimonio
Cambiarlo todo no empieza con grandes acciones. Empieza con algo mucho más sutil. Empieza con una incomodidad que se repite, una intuición que no calla, una parte de ti que ya no quiere seguir dormida y que empieza a empujarte… a pesar del miedo.
Te voy a poner un ejemplo. El más cercano que tengo.
En enero de este año, toqué fondo (otra vez). Acababa de empezar un nuevo año, veía a todo el mundo en redes súper motivado con nuevos propósitos y… ¿yo?
Yo me sentí totalmente insatisfecha y sin rumbo.

La pregunta que me cambió la vida
Esto que lees soy yo misma, en ese momento en el que no sabía por dónde empezar, pero sabía que estaba dispuesta a hacerlo. Y fue entonces cuando me hice esta pregunta:
¿Qué parte de mí estoy traicionando al quedarme donde ya no soy yo?
Esa pregunta me confrontó muchísimo. Me mostró que, más que tener miedo al cambio, tenía miedo a defraudar las expectativas de los demás y las mías propias. Tenía miedo de decepcionar. A romper la imagen de «la mujer fuerte que lo aguanta todo». Incluso a no saber si, fuera de lo que ya conocía, iba a saber ser esa nueva yo.
Pero ¿sabes qué?
Esa pregunta también me mostró algo mucho más poderoso y es que cada día que pasaba sin escucharme, me estaba fallando a mí.
Cómo superar el miedo a divorciarse (o a cualquier cambio grande)
Y eso no pensaba permitirlo. Porque cuando tomé la decisión de divorciarme, me prometí a mí misma que jamás me volvería a fallar. Ya me había fallado durante demasiado tiempo.
Y fue ahí —justamente ahí—, rodeada de un miedo atroz, con lágrimas en los ojos y las piernas temblorosas, cuando entendí que:
El cambio no empieza cuando tomas la gran decisión. El cambio, de verdad, empieza cuando dejas de abandonarte.
Tu ejercicio para hoy: hazte esta pregunta
Y si estás aquí, es porque tú ya dejaste de hacerlo. Así que por favor, hazte esa misma pregunta:
Querida yo… ¿Qué parte de mí estoy traicionando por miedo a cambiarlo todo?
Y sé sincera contigo. Sincera de verdad.
No para que actúes de inmediato, sino para que empieces a verte con más honestidad. Para que empieces a escucharte, aunque aún no sepas qué hacer con eso que sientes. Porque ese, querida, ese es el verdadero primer paso.
Tómate 15 minutos:
- ¿Cómo te sientes después de haberte escuchado? Escríbelo sin filtro, sin juicio.
- ¿Cómo te visualizas ahora que te has liberado? ¿Notas que eso que te pesa… ahora es más liviano?
Estoy aquí contigo. No estás sola.
El día que empecé mi nueva vida
Te animo a que guardes lo que has escrito como carta para la «yo del futuro». Llegará un día, dentro de un tiempo, en el que leerla será un acto de amor contigo misma. Y verás todo lo que sí has conseguido.
Y bueno, ese 31 de enero fue el último y primer día para mí.
El último en el que no tomaba acción. Y el primer día en el que empecé a construir mi nueva vida. La que estoy creando mientras escribo estas líneas.
Estas, de hecho, son parte de esa nueva vida. De esa nueva yo.
Y tú estás siendo partícipe.
Gracias por seguir aquí. Tengo tanto que contarte…
Me honra que me acompañes en este camino de renacer.


